Por Nelson Guzmán
Prensa/Jabeando/14-04-2026.- Pedro Gómez fue un boxeador perspicaz y fogoso, venció a grandes figuras del pugilismo nacional e internacional, sus batallas con Freddy “Cochocho” Rengifo y con Francisco Bolívar fueron memorables, revivieron la eterna rivalidad boxística entre Cumaná y Distrito Capital. Cochocho fue derrotado en 1967, por el cumanés en el Nuevo Circo de Caracas, igualmente Francisco Bolívar campeón nacional pierde el cetro pluma en febrero de 1967 con el Torito de Oriente.
Pedro – contra todo pronóstico – venció al colombiano Antonio “Mochila” Herrera en 1966, su contrincante tuvo tres caídas en un combate llevado a cabo en el viejo Coso Agostino caraqueño. Pedro sometió por nocaut a Hiroshi Kobayashi, quien a su vez derrotaría al estelar Antonio Amaya en dos ocasiones mundialistas. Amaya a su vez acabó con la mano levantada en una decisión cerrada en el nuevo Circo de Caracas, donde el Torito de Oriente perdió su invicto. Freddy Rengifo a su vez había vencido a Antonio Amaya en el Peso Gallo, cosas del deporte de los coliflores. Nuestro Pedro Gómez derrotó por KO al “Cochocho” Rengifo, en un combate que mantuvo al público de pie durante toda la disputa. Hoy se nos va esta gloria de nuestra Cumaná. El tiempo transcurrió y ya no están ni el loco Cruz, ni Julio Guacharaco Viera, ni Felipe Cariaco, ni José García, se evaporaron, algunos días estos espíritus espectaculares recorren El Guapo y sus las inmediaciones del altragraciano galpón Cabrujas.
Pedro, tú encarnas nuestra geografía espiritual y física, eres nuestra identidad perpetua y nuestro pasado, la bandera de Venezuela y de nuestro estado hoy debe erguirse a media asta en honor a tu memoria y a tus glorias. Tu gran legado fue entre otros el amor a tu terruño. Las tardes del Salado te cobijaron desde que llegaste a este mundo en 1941, las películas del cine Humboldt de Altagracia te embriagaban “Arrullo de Dios” con Libertad la Márquez, y la voz de Joselito con la canción “Campanera” fueron tus verdaderas glorias.
Yo te recuerdo desde el viejo himno cumanés “río Manzanares”, allí se evoca a Antonio Fariña Gómez y a la Plaza Guaiquerí. Pedro en mi niñez te vi muchas veces en el Mercado Municipal de Cumaná, asistí muchas veces de niño a verte guantear en El edificio Cabrujas. Una noche fui testigo presencial de la pelea amateur entre “El Loco” Cruz Marcano y tu hermano Antonio, en el recinto se gritaba a rabiar, la ficción se dividió unos decían que Cruz era el vencedor. Lamentablemente en boxeo aficionado no hay tabla, la balanza se inclinó a favor de Antonio, eso aconteció en el año 1966. Los dos pugilistas exhibieron una fina esgrima. A mi juicio nadie perdió, no había ganador por lo parejo de aquel match, los combatientes lucieron inmensos.
Dada la decadencia boxística que se vivía en Venezuela, producto de la derrota de Ramoncito Arias ante Pascual Pérez, y los declives y subidas del pastoreño Carlos “Morocho” Hernández, los periodistas Delio Amado León y Carlitos Gonzales fundan la empresa Gondel, que fue una figura jurídica promovida por estos dos grandes periodistas para reanimar el boxeo Nacional, viajan a Cumaná, conversan con el instructor Elí Montes, maestro de maestros del boxeo cumanés y animan a boxeadores cumaneses como Pedro Gómez a dar el salto al boxeo rentado.
Pedro era un púgil de casta quien tenía como antecedentes al “Pollo de la Palmita” Simón Chávez, a Enrique Chafardet, a José Alberto Díaz, a Oscar calles, y a Sonny León. José Luis Vallejo nacido en la primogénita del Continente en 1945, debía llenar la estela de gloria que tuvo Carlos “Morocho” Hernández. “La cabañita” (José Luis Vallejos) tenía juventud, rapidez, pegada y astucia y escuchaba rezongando en sus oídos la voz de Baco. Bajo los puños de Pedro Gómez sucumbieron Jonny Jamito, Francisco Bolívar, Freddy Rengifo y Memo Morales (Boxeador mexicano)
La cabañita venció al difícil “Cara e’ tabla” Castillo. Pero la fama es una figura que generalmente viene adosada del geniecillo maligno del cual advertía René Descartes, encarnado este por Dioniso y sus disipaciones. Dioniso allana el camino, sus brumas nos regalan el amor y los sueños y las fanfarrias y los descuidos de la disciplina, las divas se acercan desenfadadamente, el dulzor del mosto, de las cariátides y de nuestras remembranzas arquetipales, un día nos hacen caer subyugados bajo la mirada irresistible de la Helena de Esparta, conocida como la Diosa de Troya. Dioniso vence a Apolo y su hiperrealidad, reinamos en el delirio de los sueños y nadie puede evadir esas fuerzas primigenias, sólo Odiseo logró sobrevivir a aquellos encantos. Lo cierto fue que George Foster se convirtió en su verdugo y en el obstáculo que nunca pudo esquivar, “la Cabañita” allí encontró el comienzo de su fin. El abismo lo lanzó en su precipicio infinito hacia la muerte.
Apolo y Dioniso se turnan en nuestras vidas, el boxeo nos abraza con las pasiones de estas dos fuerzas, nos hace triunfar y rodar con la magia del bolero ranchero, las baladas románticas y lo inmarcesible. Las voces de Felipe Pirela, de Herman Marín, de Jorge Negrete, Pedro Infante, tocan fuerte el corazón, y sus guitarras, arpas y cuatros palpan el espíritu de esos hombres que no se irán nunca de nuestros pasos. María Rodríguez roza nuestra alma con su “oración del tabaco”. Muchos de nuestros adalides sucumbieron entre los espejismos de las carreteras como fue el caso de Cruz Marcano, José Luis Vallejo, rodó sin retorno, por las laderas un precipicio de la cota 905.
El elixir divino de la vid y su mosto construyen una nube del maya, de las ilusiones, de las épicas que no terminaron de forjarse correctamente, por lo trágico del filo de la navaja por donde debe transitarse, fuerzas extrañas merodean el camino de nuestros héroes deportivos, la tragedia pare ellos no es comedia, sino e l último pergamino que la poesía les otorga.
Cuando Pedro da su primer trastabilleo ante Antonio Amaya, no lo hace ante un mediocre, sino ante un hombre de fuste, de fino boxeo aprendido en la escuela panameña. Pedro era un toro en el cuadrilátero, invencible en el ring, muy superior al magno Amaya, ese día estuvo lento y no logró que Antonio Amaya intercambiara con él. La escuela cumanesa de boxeo que fundó el gran Eli Montes, imponía un jab fuerte, el cross, y el recto de derecha por encima del jab. Pedro combatió en el boxeo amateur 175 veces, ganó 170 combates, y perdió 5 veces, su récord era inigualable.
En el entusiasmo que ante el mundo ofreció el boxeo profesional, se vinieron a la capital Luis Lumumba Estaba, Alfredo Marcano, Cruz Marcano y se siguió robusteciendo la escuela cumanesa de pugilismo, con los campeonatos de Ildemar Paisán, y Antonio Esparragoza. En el amateur destacaron Orlando Natera, “El Salero”, Alirio Acuña, Darío Carrucan y Nelson Calzadilla. Muchos de ellos se hicieron profesionales. Freddy Moran fue una gran promesa del pugilismo cumanés, tenía pundonor, valentía, la magia de la gloria lo había tocado.
Todo parecía un sueño, Eli Montes como guía, como ductor desde 1950 comenzó a montar Gimnasios en la Primogénita, primero instalaron un local cerca del Estadio de Caigüire, después construyeron cerca del Río Manzanares, en sus riberas, un local donde entrenaban sus pupilos. Eli Montes dejó sus estudios en 1948 y se vino a Caracas detrás de su pasión; en el boxeo no destacó, pero se agudizaron sus sentidos de maestro, con entusiasmo y constancia desde el edificio Cabrujas preparó a una generación de pugilistas inigualables. Antonio Gómez, era un peso pluma con dorso de welter. Antonio y Pedro vencieron a ese gran prospecto que fue Fernando Sotelo. Eli se hizo zapatero, remendaba los sacos, los guantines, reparaba las lonas del ring, y acercaba a los aprendices a la pera loca para desarrollarle y agudizarle la vistilla, los reflejos.
Pedro, yo te escribo esta especie de carta, tu destino fue glorioso, cuando disputaste en Japón el campeonato pluma, desgraciadamente, Ramiro Machado no consideró necesario que te acompañara en la esquina Montes, tu ductor, tu formador, no fue nunca una cuestión personal, sino el menosprecio hacia la provincia, hacia los dotes del inmenso Elí. Lo veían como un provinciano, olvidaron sus palmares, su pedigrí, que fue él el formador de Morochito Rodríguez, y allí Pedro, se te fue la oportunidad. Los nuevos instructores erróneamente te ordenaron boxear, al contrario, marcar golpes, bailotear, pelear a la media distancia; el Maestro Eli, quien conocía de tu estilo, te hubiera ordenado vapular a Shozo Sayo, ir hacia adelante, esa pelea siendo justo pudo ser tablas, o ganarla Pedro, pero en Japón solo se triunfa por nocaut.
Se les olvidó a muchos que Eli fue el creador boxístico de morochito y luego pasados los años un factor decisivo en la pelea que Betulio González le ganó a Gutty Espada. Betulio en esos días se residenció en Cumaná. Eli estuvo en Aomori, en la esquina de Alfredo Marcano cuando este noqueo a ese gran campeón que fue Hiroshi Kobayashi.
Para siempre, mis respetos a Antonio Gómez y a todas nuestras glorias del arte de la defensa, hay que atenderlos y dignificarlos como lo que son: baluartes culturales y deportivos de la patria.