Por José Camejo Suárez
Prensa/Jabeando/04-04-2026.- El 4 de abril de 2009, la Arena Monterrey fue el recinto deportivo que mostró la exhibición de poder puro. Esa noche, el mundo del boxeo fue testigo de cómo el venezolano Edwin «El Inca» Valero consolidaba su leyenda al conquistar el Campeonato Mundial Ligero (135 libras) del CMB.
UNA CITA CON LA HISTORIA
Valero llegaba a tierras mexicanas con una reputación aterradora: un récord inmaculado donde la decisión de los jueces era un concepto inexistente. Frente a él estaba el experimentado colombiano Antonio Pitalúa, un rival que prometía resistencia, pero que terminó siendo una víctima más de la pegada eléctrica del merideño.
EL DESENLACE: DOS ASALTOS DE FURIA
Lo que se esperaba como una guerra de estrategias se convirtió rápidamente en un monólogo de demolición.
Primer Asalto: Valero utilizó los primeros tres minutos para medir la distancia, mostrando una velocidad de manos que contrastaba con su fuerza bruta.
Segundo Asalto: Fue el principio del fin. Con una agresividad quirúrgica, «El Inca» conectó una combinación que mandó a Pitalúa a la lona apenas iniciar el round. Aunque el colombiano intentó reincorporarse, la determinación de Valero era absoluta. Tras tres caídas en el mismo episodio, el réferi detuvo el combate.
Resultado oficial: Edwin Valero gana por KOT en el 2do asalto, adjudicándose la corona verde y oro del Consejo Mundial de Boxeo.
EL LEGADO DE UNA PEGADA ÚNICA
Con esta victoria, Valero obtenía su segundo título mundial en categorías diferentes y extendía su racha a 25 victorias, todas por la vía del cloroformo.
Aquella noche en Monterrey quedó grabada como el punto máximo de su carrera deportiva; un recordatorio de que, dentro del cuadrilátero, pocos hombres en la historia de las 135 libras han poseído una fuerza tan devastadora como la del púgil venezolano.