Luis Carlucho Martín
Prensa/Jabeando/Deportivas/01-10-2026.- Cuando el personaje que tú has admirado, y te ha inspirado a crecer dentro de una disciplina deportiva, expresa reciprocidad en reconocimiento, respeto y elogios por la manera de ejecutar cada acción del juego, entonces tú eres un afortunado… acaso un predestinado.

Eso le sucedió a Edgar Flores, el popular Yakiyá, quien fue gratamente sorprendido al culminar un juego en el club Paracotos. Allí recibió un apretón de manos, un emocionado “mucho gusto”, acompañado de “así jugaba yo cuando joven; ese era mi estilo, agresivo, visión periférica y toma de decisiones con velocidad, habilitaciones, juego en equipo y puntería”. Tales apreciaciones emanaron de su ídolo de infancia, Fernando Cabrera, ex selección nacional, cuando se conocieron en aquella ocasión de un torneo inter clubes.
Así lo relató Edgar Flores, quien a sus 69 años se mantiene activo en la categoría máster 60 con el equipo Caracas Libre y en la +65 con el equipo Lomas de Urdaneta, en la XI edición del baloncesto para la tercera edad que organiza la AsoMaxiBaloncesto de la Gran Caracas; actividad esta a la que le suma su otro modo de sustento: árbitro colegiado de baloncesto desde hace 35 años.
Yakiyá recuerda que, junto a sus amigos de infancia, Miguel García y Jesús Tarazón, iban a ver los juegos de los mayores, donde destacaban “Miguelacho”, Matute y su ídolo Fernando Cabrera.
“Quería ser tanto, tanto, como él, que me ponía a imitarlo. Para mejorar mi juego y lanzamiento, me inventé un aro de alambre y lo coloqué en el patio de mi casa. La malla era una media panty que le quité a mi mamá. Y si la metía en ese arito tan pequeño me convencí de que también podría embocar en un aro normal. Y así fue”, relata con dejos de nostalgia y una sonrisa rescatada de aquella inocente y sana niñez.
Rememora su pasado infantojuvenil, sus días de formación en el Centro Deportivo y Cultural “Lya Imber de Coronil, mejor conocido como Parque Festival 67 de Coche, bajo el auspicio del Consejo Venezolano del Niño.
Allí, como todo muchacho de aquella Caracas de los años 60 y 70, sació sus ansias por estar metido en una piscina, aunque era de manera didáctica. Así le tomó mucho gusto a la natación. Pero un día descubrió la magia del baloncesto, debido a que en ese centro recreativo y deportivo los instructores dictaban diversas pautas a sus alumnos.
Bajo la tutela del profesor José Mejías, a la postre su primer entrenador, llegó al básquet para no retirarse jamás.
Por su exceso de horas en la piscina el efecto del cloro comenzó a decolorarle y a ensortijarle su voluminosa cabellera. En aquella época estaban de moda dos marcas de pelucas. Las Cuchita –generalmente de pelo liso– que competían en el mercado con las de cabellera rizada, que en la voz de Marina Baura, aseguraban: “Yakiyá, se pone en la cabeza, te da belleza y algo más”. Detalle que no desperdició el buen humor de su amigo, Aníbal “Cachinche” Rengifo, para atinar con el popular y pegajoso apodo…
Con su empeño y dedicación, Edgar Abraham Flores Dorante, logra darle real sentido competitivo a sus 172 centímetros de estatura para ganarse un puesto como piloto en las selecciones del extinto Distrito Federal, cuyos colores –verdiblanco– defendió desde 1971 en dos campeonatos nacionales, uno en Lara y otro en Caracas. Un par de años más tarde, debido a su rendimiento, su nombre fue ficha puesta en la selección juvenil distrital para estar en los nacionales de 1973 en Zulia, y Carabobo en 1974, año en el que es reconocida su efectividad al ingresar a la selección nacional que representó al país en el Campeonato Centroamericano y del Caribe Juvenil, realizado en Guatemala. Y cerró esa misma campaña con el Bolivariano Juvenil en San Cristóbal, Táchira.

Termina su ciclo juvenil en 1975 con tres grandes compromisos: el Nacional en Mérida, Bolivariano en San Cristóbal y Suramericano en Brasil.
Le llega la oportunidad de profesionalizarse en la actividad que corre en su ADN. Eran los días de 1976 y es llamado a la selección que se desempeñó en el Centro Americano y del Caribe de San Cristóbal y de inmediato da el salto a la joven Liga Especial con Ahorristas del Caracas, divisa en la que jugó hasta finales de la temporada 1979.
Se mantuvo activo en diversos campeonatos en los que compartió su tiempo con su actividad como empleado del Banco de Venezuela y como jefe de la familia que creó junto a su esposa Reyna Moreno y sus hijos Jakriyanis, Dulimar y Ángel.
En 1991, Edgar Flores decide incursionar en el mundo del arbitraje y se ha mantenido, hasta hoy, compartiendo ambos roles: jugando e impartiendo justicia, desarrollándose y creciendo integralmente en torno a una cancha de baloncesto, su pasión. Y, hoy, su válvula de escape.
Muchos de sus amigos y admiradores, como el dirigente deportivo y ex jugador de baloncesto, Vidal Franquiz, consideran que “Yakiyá no es ningún anónimo por todos sus aportes, que pudieron ser más. Se mereció más minutos en cancha en su vida profesional. Era un tipo de velocidad indetenible. Quizás esa rapidez y su innegable versatilidad y agilidad fue mal entendida y poco valorada por los técnicos que no lo incluyeron en algunos esquemas. Debieron aprovecharlo más porque siempre demostró su calidad, tanto en la selección como en los equipos no profesionales, y de alta factura, donde siempre destacó”, puntualizó críticamente.
Pero eso es pasado. Su presente permanece ocupado, con agenda full entre la máster 60, máster 65 y esperando nuevos torneos para desempeñarse como árbitro.
Ese es Yakiyá, enfrentado hoy a vicisitudes del destino, que intempestivamente le arrebató a su amada Reyna, su esposa, su amiga, su compañera. No obstante, como buen salsero y guerrero del deporte no deja de driblar para sobreponerse, asumir la caída y seguir en lucha, aferrado al apoyo y amor de sus hijos, asistiendo y soñando con seguir anotando cestas a la vida.
Por eso y por más, es un honor para Asomaxibaloncesto contar con la magia, la experiencia y los aportes de Yakiyá en sus torneos de baloncesto para los adultos mayores de la Gran Caracas.