Prensa/CMB/Jabeando/08-10-2026.- Don José Sulaimán Chagnón no fue solo un dirigente que transformó la administración del boxeo mundial. A lo largo de su trayectoria, convirtió al deporte de los puños en una plataforma para defender valores universales como la dignidad, la igualdad, el respeto y la inclusión.
En este 2026, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) recuerda los hitos más trascendentes de don José Sulaimán. Entre ellos destaca uno que refleja plenamente su calidad humana: el reconocimiento otorgado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por su incansable labor contra la discriminación y su histórica postura contra el apartheid.
Esta distinción histórica fue entregada a don José el 30 de junio de 1982, luego de que el CMB decidiera vetar deportivamente a Sudáfrica por sus políticas de segregación racial, convirtiéndose en un organismo pionero en utilizar el deporte como herramienta de presión y justicia social.
Para don José, el boxeo jamás debió ser un espacio exclusivo. El cuadrilátero era un punto de encuentro donde las diferencias sociales, culturales, económicas o raciales quedaban fuera de las cuerdas. Entendió que detrás de cada boxeador existía una historia, una familia y, sobre todo, un ser humano que merecía respeto.
Una de sus mayores aportaciones fue proyectar la plataforma internacional del CMB para difundir mensajes de impacto social. Para don José, el deporte tenía el poder de derribar barreras: un peleador podía provenir de un barrio humilde o de un país con serias carencias, pero al sonar la campana, tenía exactamente el mismo derecho a ser escuchado y valorado.
A través del CMB, impulsó iniciativas y campañas de paz, respeto y solidaridad con el objetivo de edificar una sociedad con mayores oportunidades. El reconocimiento de la ONU no fue solo una distinción personal, sino el respaldo institucional de la comunidad internacional a una visión donde el deporte une en lugar de dividir.
Don José Sulaimán entendía la intensidad de la rivalidad deportiva, pero siempre exigió que el combate se mantuviera dentro de los márgenes del respeto: sobre el ring podían chocar dos púgiles, pero jamás debía tolerarse la discriminación entre seres humanos.
Bajo su liderazgo, el CMB amplió su alcance humanitario, llevando el espíritu del boxeo a comunidades vulnerables. Para él, la verdadera grandeza de un campeón no radicaba solo en portar un cinturón, sino en cómo utilizaba su voz y su proyección para ayudar a los demás.
El galardón otorgado por las Naciones Unidas encabeza una extensa lista de honores que don José recibió en vida, pero su valor auténtico perdura en las acciones que inspiró. Su filosofía sigue viva en un Consejo Mundial de Boxeo que mantiene la dimensión humana como eje rector de todas sus decisiones.
Años después de su partida, su mensaje resuena con total vigencia: no importa el origen, la condición social o el color de piel; dentro y fuera del ring, todas las personas merecen dignidad. Ese fue uno de los combates más importantes de su vida, porque demostró que el verdadero poder del boxeo no reside únicamente en los puños, sino en su capacidad para hermanar a la humanidad.




