*** “Cualquiera puede hacer historia. Solo un gran hombre puede escribirla”
Prensa/IBA/Jabeando/17-09-2026.- Esas palabras, atribuidas a Oscar Wilde, parecen especialmente apropiadas para la historia de la boxeadora irlandesa Katie Taylor, cuya carrera llegó a su fin el 5 de septiembre en Croke Park, Dublín. Ante 83.000 espectadores, la campeona olímpica, bicampeona mundial y tricampeona indiscutible ganó su último combate en casa, poniendo fin a una trayectoria boxística que duró casi tres décadas.
La colección de medallas y cinturones de campeona de Taylor la sitúa entre las mejores boxeadoras de su generación, pero su importancia no se limita a títulos y victorias. Su mayor contribución fue el papel que desempeñó en el cambio de la percepción y la posición del boxeo femenino. A lo largo de su carrera, este deporte evolucionó de una disciplina que aún luchaba por el reconocimiento a un deporte capaz de llenar grandes estadios, protagonizar retransmisiones mundiales y generar un enorme interés comercial. Taylor no logró esta transformación sola, pero durante gran parte de las últimas dos décadas fue su rostro más reconocible.
Por supuesto, las mujeres ya practicaban boxeo mucho antes de que Taylor naciera. Su carrera se inscribe en una historia que se remonta a siglos atrás y que cuenta con generaciones de boxeadoras que desafiaron las convenciones de su época.
DESDE LOS PIONEROS HASTA TAYLOR
Una de las primeras boxeadoras célebres fue Elizabeth Wilkinson, una boxeadora inglesa de puños desnudos que estuvo activa a principios del siglo XVIII. Los anuncios de la época la presentaban como campeona, mientras que relatos posteriores le atribuyen una racha invicta de 45 combates, aunque no se conservan registros completos de ese período. Conocida más tarde como Elizabeth Stokes tras su matrimonio, luchó tanto individualmente como junto a su esposo boxeador en combates con otras parejas.
Más de dos siglos después, Barbara Buttrick se convirtió en otra figura clave en el desarrollo del boxeo femenino. La boxeadora británica comenzó participando en combates de exhibición en ferias antes de continuar su carrera en Estados Unidos, donde se consagró como profesional y campeona mundial. En una época en la que las boxeadoras aún luchaban por ser consideradas atletas de élite, Buttrick contribuyó a abrir camino a las generaciones futuras.
Taylor entró en un mundo muy diferente, pero muchas de las mismas barreras persistían. Cuando empezó a boxear de niña en Irlanda en la década de 1990, la participación femenina aún no estaba oficialmente reconocida en el país.
Taylor tenía 10 años cuando comenzó a entrenar bajo la tutela de su padre, Pete, quien también había practicado boxeo y más tarde se convirtió en su entrenador. Al no existir una estructura competitiva establecida para las chicas, entrenó en un entorno predominantemente masculino, mientras que su padre era uno de los que luchaban por el reconocimiento oficial del boxeo femenino.
Ese gran avance llegó finalmente en 2001. El 31 de octubre, Taylor, de 15 años, se enfrentó a Alanna Audley en el Estadio Nacional de Dublín en el primer combate de boxeo femenino oficialmente sancionado en Irlanda. Taylor ganó 23-12, mientras que otra pionera del boxeo irlandés, Sadie Duffy, fue la árbitra.
Fue un momento significativo en sí mismo, pero pocos de los que lo presenciaron podían imaginar hasta dónde llegarían Taylor —y el boxeo femenino— durante el siguiente cuarto de siglo.
DOS DEPORTES, UNA ELECCIÓN
El boxeo no era el único talento deportivo de Taylor. Durante su juventud, lo compaginó con éxito con el fútbol y representó a la República de Irlanda en varias categorías inferiores antes de llegar a la selección absoluta. Disputó 11 partidos internacionales y marcó dos goles entre 2006 y 2009, mientras que su número total de apariciones internacionales en las distintas categorías inferiores fue de alrededor de 40.
Finalmente, practicar ambos deportes al más alto nivel se volvió imposible, y Taylor optó por el boxeo. Esta decisión resultó decisiva no solo para su propia carrera, sino también, con el tiempo, para el desarrollo general del boxeo femenino.
A principios de la década siguiente, Taylor se había convertido en la figura dominante del boxeo femenino amateur. Ganó cinco títulos mundiales consecutivos entre 2006 y 2014, así como seis medallas de oro en el Campeonato Europeo, periodo en el que se consolidó como una de las atletas más destacadas de Irlanda.
Su ascenso coincidió con otro acontecimiento crucial. El boxeo femenino finalmente se incluyó en el programa olímpico de Londres 2012, y Taylor llegó a los Juegos como una de las mayores estrellas de este deporte y la favorita para ganar la medalla de oro en la categoría de peso ligero.
La respuesta en Irlanda demostró que su popularidad ya trascendía el boxeo. Se instalaron pantallas gigantes en su ciudad natal de Bray, mientras miles de seguidores irlandeses siguieron su trayectoria en Londres. En la final, Taylor derrotó a la rusa Sofya Ochigava, una rival conocida de anteriores Campeonatos Mundiales y Europeos, para alzarse con la medalla de oro olímpica.
La victoria llegó 20 años después de que Michael Carruth se convirtiera en el primer campeón olímpico de boxeo de Irlanda en Barcelona 1992. Para Taylor, sin embargo, Londres representaba algo más que otro título. El boxeo femenino finalmente había llegado al escenario olímpico, y una de las atletas que más había contribuido a demostrar su calidad se había convertido en su primera campeona olímpica de peso ligero.
LLEVANDO EL BOXEO FEMENINO AL ESCENARIO MÁS IMPORTANTE
Tras una larga y exitosa carrera amateur, Taylor se convirtió en profesional en 2016 al firmar con Matchroom Boxing. El panorama era, una vez más, muy diferente al que había encontrado como amateur a los 15 años, pero el boxeo profesional femenino aún estaba lejos de gozar de la posición comercial y la atención mediática de la que goza hoy en día.
El progreso de Taylor fue meteórico. Ganó su primer título mundial profesional en 2017 y se convirtió en campeona indiscutible de peso ligero en 2019 tras unificar los cuatro cinturones principales. Su éxito estuvo acompañado de una presencia cada vez más destacada en los principales eventos y una audiencia creciente, lo que contribuyó a demostrar que el boxeo femenino de élite podía atraer espectadores por su mérito deportivo y no solo por su novedad.
El momento decisivo llegó el 30 de abril de 2022, cuando Taylor se enfrentó a la puertorriqueña Amanda Serrano en el Madison Square Garden de Nueva York. Por primera vez en la historia del recinto, dos boxeadoras protagonizaron un evento de boxeo allí.
La trascendencia del evento fue considerable, pero la calidad del combate garantizó que la historia deportiva estuviera a la altura de la histórica. Taylor y Serrano protagonizaron diez asaltos muy disputados en una pelea considerada por muchos como una de las mejores del año, en la que Taylor finalmente retuvo sus títulos por decisión dividida.
Su rivalidad se extendería finalmente a tres combates y se convertiría en una de las series más emblemáticas del boxeo profesional moderno. Para cuando Taylor y Serrano se enfrentaron por tercera vez, la idea de que las mujeres protagonizaran una gran velada de boxeo ya no resultaba tan novedosa. En muchos sentidos, esa normalización formaba parte del legado de Taylor.
LA CAPACIDAD DE ENCONTRAR UNA RESPUESTA
Los logros de Taylor se basaron en un amplio arsenal técnico, velocidad, precisión y la formación amateur adquirida a lo largo de cientos de combates, pero una de las cualidades que la distinguió durante toda su carrera fue su adaptabilidad. Podía controlar un combate a distancia, trabajar a un ritmo vertiginoso, contraatacar con combinaciones o convertir un combate en una batalla física cuando el oponente y las circunstancias lo exigían.
Esa capacidad fue puesta a prueba de la manera más severa por la británica Chantelle Cameron, quien le propinó a Taylor la única derrota de su carrera profesional con una victoria por decisión mayoritaria en Dublín en mayo de 2023. Fue una experiencia inusual para una boxeadora que había dedicado la mayor parte de su carrera a encontrar soluciones a cualquier desafío que se le presentara.
Seis meses después, Taylor tuvo la oportunidad de responder: En la revancha, peleó con mayor agresividad, desestabilizó el ritmo de Cameron y se preparó para un combate mucho más físico. Taylor ganó por decisión mayoritaria, vengó la única derrota profesional de su carrera y se convirtió en campeona indiscutible en una segunda categoría de peso.
Fue una actuación que resumió gran parte de lo que la había llevado al éxito. Taylor no necesitaba que cada pelea se desarrollara según un patrón preestablecido; tenía una habilidad excepcional para comprender lo que se requería contra un oponente en particular y adaptarse en consecuencia.
DE UNOS POCOS CIENTOS DE ESPECTADORES A 83.000
A pesar de todos los logros que Taylor había conseguido en todo el mundo, una ambición seguía siendo especialmente importante para ella: luchar en Croke Park.
El estadio de Dublín ocupa un lugar especial en la cultura deportiva irlandesa y también tiene su propio capítulo en la historia del boxeo. Muhammad Ali peleó allí contra Al Lewis en 1972, pero transcurrió más de medio siglo antes de que el boxeo regresara al recinto a la escala que requería la despedida de Taylor.
El 5 de septiembre de 2026, esa ambición finalmente se hizo realidad: La respuesta en toda Irlanda puso de manifiesto el lugar que ocupa Taylor en la cultura deportiva del país. Las entradas tuvieron una demanda extraordinaria, su imagen apareció en murales y exposiciones por todo Dublín y su ciudad natal, Bray, y finalmente 83.000 espectadores llenaron Croke Park para verla competir por última vez.
Taylor derrotó a la hasta entonces invicta Flora Pili de Francia por decisión unánime en 10 asaltos y puso fin a su carrera profesional como campeona mundial indiscutible. Tras el anuncio del veredicto, dejó sus guantes en el ring, poniendo así punto final a una carrera que había comenzado en circunstancias casi imposibles de conciliar con la magnitud de su despedida.
El contraste era asombroso. Cuando Taylor participó en el primer combate femenino sancionado en Irlanda en 2001, el boxeo femenino apenas comenzaba a consolidarse en el país. Casi 25 años después, 83.000 personas se congregaron en uno de los estadios más famosos de Irlanda para ver a una boxeadora protagonizar la velada.
UN LEGADO QUE TRASCIENDE LOS TÍTULOS
Taylor se retira del boxeo profesional con 26 victorias en 27 combates, tras haber vengado la única derrota de su carrera. Antes de convertirse en profesional, ya había sido campeona olímpica, cinco veces campeona mundial y una de las boxeadoras amateur más exitosas de su época. En el boxeo profesional, se proclamó campeona indiscutible en dos categorías de peso y protagonizó una de las rivalidades más emblemáticas de su generación con Serrano.
Esos logros explican por qué Taylor pertenece al grupo de las grandes campeonas del boxeo, pero no explican del todo su importancia.
Su carrera coincidió con, y contribuyó a acelerar, un cambio fundamental en el estatus del boxeo femenino. La joven boxeadora que incursionó en un deporte sin competencia femenina oficialmente reconocida en su país natal, llegó a ser una atleta capaz de llenar grandes recintos y protagonizar algunas de las noches más importantes del boxeo profesional.
Su influencia trascendió a las atletas femeninas. La disciplina, la longevidad, la competitividad y la personalidad discreta de Taylor le valieron la admiración de todo el mundo del deporte, mientras que su éxito sirvió de modelo para generaciones de luchadoras que vinieron después.
Cada época produce campeones, y los récords que alguna vez parecieron intocables terminan siendo desafiados. La influencia es más difícil de cuantificar. La de Taylor se puede comprender mejor comparando el deporte en el que se inició con el que ahora ha dejado atrás.
En 2001, organizar un combate de boxeo femenino oficialmente sancionado en Irlanda fue un logro histórico. En 2026, 83.000 espectadores llenaron Croke Park para presenciar la última pelea de Katie Taylor.
Pocas trayectorias profesionales pueden demostrar su impacto en un deporte de forma tan clara.