Prensa/CMB/Jabeando/17-07-2026.- Don José Sulaimán Chagnón no solo presidió el Consejo Mundial de Boxeo, sino que fue el hombre que humanizó, transformó y modernizó el deporte de los puños. Su gestión estuvo marcada por una profunda calidad humana y una visión inquebrantable para defender y dignificar a los peleadores, dejando huellas imborrables que hoy en día seguimos recordando con profundo orgullo.
Una de sus más grandes e históricas hazañas personales ocurrió en junio de 2007, en Canastota, Nueva York. Don José hizo historia con letras de oro al convertirse en el primer directivo mexicano en ser elevado al prestigioso Salón de la Fama del Boxeo Internacional, un recinto de leyenda creado bajo decreto legislativo en 1984. Tras participar en el emotivo y tradicional Desfile de Campeones saludando a miles de aficionados en carros descubiertos, el querido dirigente recibió la unción oficial al Nicho de los Inmortales más importante del planeta, desatando el júbilo del pugilismo de nuestra nación.
Aquella tarde en Nueva York se convirtió en una cumbre de leyendas absolutas del cuadrilátero. Don José Sulaimán ingresó en una de las clases más competitivas y espectaculares que se recuerden, compartiendo el escenario de la inmortalidad junto a los tetracampeones mundiales Roberto “Mano de Piedra” Durán y Pernell Whitaker, el entrenador argentino Amílcar Brusa, el mánager cubano Cuco Conde (Post mortem) y el célebre pintor LeRoy Neiman. Para orgullo de México, don José recibió este honor de la mano de su compatriota, el impecable e invicto doble monarca del orbe, Ricardo “Finito” López, uniéndose ambos a los astros aztecas que ya habitaban en ese recinto, como Rubén Olivares, Pipino Cuevas y Raúl “Ratón” Macías.
En palabras de nuestro querido presidente Vitalicio durante su conmovedor discurso de aceptación: “Los boxeadores son mis hijos y peleo por ellos”. Con el corazón en la mano, Don José dedicó esta distinción a sus padres, a su hermano Héctor y a su familia, a quienes ofreció disculpas por haberles restado tanto tiempo de vida debido a su total entrega al boxeo. Asimismo, enalteció la grandeza de Ricardo López, llamándolo “Señor Excelencia” por su fina e impoluta técnica sobre el ring.
Gracias a su incansable labor y a su ingreso a este templo de la historia, el mensaje resonó con fuerza en cada rincón del planeta: el boxeo no podía entenderse sin la revolución humanitaria que él mismo encabezó. Aquella entronización no solo consagró su trayectoria personal como el dirigente más influyente de la industria, sino que consolidó el prestigio internacional del CMB, demostrando que su legado a favor de la salud y la protección del peleador trascendería a través de los tiempos.
