Rigoberto Marcano: Una vida consagrada al cuadrilátero, del nocaut al veredicto

Por José Camejo Suárez

Prensa/Jabeando/21-06-2026.- El boxeo venezolano tiene en Rigoberto Marcano a uno de sus referentes más disciplinados y polifacéticos. Con una trayectoria que abarca desde la crudeza del combate en el peso mosca hasta la máxima responsabilidad de la justicia sobre el entarimado, Marcano ha esculpido su nombre en la historia del pugilismo profesional.

El inicio de su viaje se remonta al 10 de noviembre de 1973 en Maracay, estado Aragua. Aquella noche, un imberbe Marcano demostró su poder y proyección al fulminar por nocaut en el segundo asalto -de una pelea pactada a cuatro- a Leonidas Rincones, sellando un debut profesional idílico.

Una trayectoria de calibre internacional, a partir de ese bautismo de fuego, Marcano construyó una carrera sólida y exigente, midiéndose a la élite de las 112 libras. Su récord incluye batallas memorables y rivalidades de alta intensidad. Rivalidades locales: Protagonizó una encarnizada trilogía (3 combates) frente al zuliano Remigio Sulbarán. Oposición internacional: Cruzó guantes con púgiles de la talla del nicaragüense Jonn Cajina, el panameño Jaime Ríos y el colombiano Juanito Herrera. Y La cumbre mundial: Su calidad lo llevó a disputar el plano estelar ante leyendas de la división como el campeón japonés Yoko Gushiken.

El epílogo de su carrera como boxeador activo llegó el 1 de agosto de 1980 en La Asunción, estado Nueva Esparta. Marcano se despidió de los guantes en la cúspide superando por decisión unánime a Humberto Mayorga y colgando los botines con una victoria inapelable.

El guardián de las reglas, la retirada del combate activo, con 21 combates ganados, 12 por nocaut y 5 derrotas, no alejó a Marcano de las dieciséis cuerdas; al contrario, transformó su experiencia en autoridad. Tras su retiro, inició una larga y exitosa carrera como juez y árbitro, tanto en el ámbito nacional como internacional. Su transición del intercambio de golpes a la imparcialidad del juicio le ha valido el respeto unánime de la comunidad boxística, manteniéndose como un garante de la justicia deportiva.