Ely Montes forjador de glorias / «La Máquina de Hacer Campeones»

Por José Camejo Suárez

Prensa/Jabeando/06-05-2026.- En el firmamento del deporte venezolano, existen nombres que no necesitan presentación, pero hay figuras cuya labor tras bambalinas ha sido el motor fundamental de nuestra historia deportiva. Hablar de la «Máquina de Hacer Campeones» es invocar la esencia misma del boxeo nacional; un hombre que, desde su nacimiento en la apacible Cumaná aquel 29 de abril de 1930, decidió convertir su vida en un apostolado para el pugilismo.

Bajo su tutela, el boxeo venezolano compitió y dominó. Fue el arquitecto de una auténtica Época de Oro, transformando gimnasios humildes en templos de disciplina donde se forjaron hombres con temple de acero. Su metodología, basada en la entrega total y la técnica depurada, permitió que el nombre de Venezuela resonara en los cuadriláteros más exigentes del mundo, desde Las Vegas hasta Tokio.

«Su vida no ha sido simplemente entrenar; ha sido formar ciudadanos a través del rigor del ring», comentan conocedores del deporte local.

La lista de atletas que pasaron por sus manos es, esencialmente, el «Quién es quién» del boxeo venezolano. Entre sus pupilos más destacados, cuyos nombres están grabados en la memoria colectiva del país, se encuentran: Francisco “Morochito” Rodríguez: Nuestro primer oro olímpico, Antonio Esparragoza y Antonio Gómez: Sinónimos de técnica y poder. Alfredo Marcano y Cruz Marcano: Guerreros que elevaron el estandarte nacional. Pedro Gómez e Ildemar Paisán: Maestros de la distancia y el ritmo.

A estos se suman figuras de la talla de Luis Vallejo, José Luis García, Alfredo Lemus, Nelson Calzadilla y Pedro Rojas, quienes bajo su guía demostraron que el talento cumanés no tiene fronteras.

Hoy, el legado de este baluarte del deporte sigue más vivo que nunca. Más allá de los cinturones y las medallas, su mayor victoria ha sido la formación de atletas de primer nivel que llevaron con orgullo la identidad venezolana. Cumaná, la ciudad que lo vio nacer, sigue siendo el epicentro de un estilo de boxeo que él perfeccionó: inteligente, valiente y, sobre todo, triunfador.

El boxeo nacional tiene una deuda eterna con este hombre que, con humildad y puños ajenos, conquistó el mundo. ¡Honor a quien honor merece!