Por José Camejo Suárez
Foto: Cortesía Google/Gettyimages
Prensa/Jabeando/18-03-2026.- Desde el primer pitcheo, el ambiente era de una Serie Mundial. Venezuela, que llegaba tras eliminar a potencias como Japón e Italia, mostró una madurez táctica impecable bajo la dirección de Omar López.
CRONOLOGÍA DEL TRIUNFO:
- La Chispa Inicial: En el tercer inning, Maikel García impulsó la primera carrera con un elevado de sacrificio, aprovechando la agresividad en las bases de Ronald Acuña Jr. y Salvador Pérez.
- El Poder de Abreu: Wilyer Abreu amplió la ventaja en la quinta entrada con un cuadrangular solitario que silenció momentáneamente al banquillo estadounidense.
- El Susto de Harper: El drama llegó en la octava. Bryce Harper, fiel a su mística, conectó un jonrón de dos carreras ante el relevo venezolano, empatando el encuentro 2-2 y encendiendo las alarmas.
- El Doblete de la Inmortalidad: En la parte alta del noveno, con el corredor emergente Javier Sanoja en segunda, Eugenio Suárez se vistió de héroe. Con un doblete profundo entre el jardín izquierdo y central, trajo la carrera de la victoria.
EL CIERRE MAESTRO
El joven Daniel Palencia asumió la responsabilidad de cerrar el noveno inning. Con lanzamientos que rozaron las 100 mph, ponchó a Roman Anthony para sellar el out 27, desatando la locura colectiva en Caracas, Maracaibo, Valencia y cada rincón donde late un corazón venezolano.
LOS PROTAGONISTAS DE LA HAZAÑA
| Jugador | Logro Destacado |
| Maikel García | Nombrado MVP del Torneo. Líder en hits (10) y motor ofensivo. |
| Eugenio Suárez | El «clutch» de la final con el doblete impulsor del triunfo. |
| Eduardo Rodríguez | Apertura magistral: 4 innings en blanco permitiendo solo un hit. |
| Salvador Pérez | El capitán y guía espiritual, manteniendo el orden tras el empate de USA. |
UN TRIUNFO QUE TRASCIENDE EL CAMPO
Esta victoria es un trofeo que confirma a Venezuela como la potencia número uno del béisbol actual. Al vencer al «Dream Team» de Estados Unidos en su propia casa, la selección demostró que el talento, cuando se combina con la unión familiar y la pasión, es invencible.
Como dijo el capitán Salvador Pérez al finalizar el encuentro: «Sentí que tenía a 30 millones de personas empujando conmigo en cada turno». Hoy, el grito de «¡Mano, tengo fe!» finalmente se convirtió en un «¡Mano, somos campeones!».